HOMENAJE A ANGELELLI EN LA CÁMARA BAJA

En el punto Homenajes, durante la décima sesión de la Cámara de Diputados, que preside Fernando Jalil, la diputada Adriana Díaz, recordó a Monseñor Angelelli.

“ El 4 de agosto de 1976, el cuerpo del obispo Enrique Angelelli, fue encontrado al costado de la ruta 38, camino a la capital provincial de La Rioja. Su acompañante, el entonces vicario episcopal, Arturo Pinto, sufrió numerosos golpes y perdió la conciencia, pero salvó su vida. Cuando la policía encontró el cuerpo de Angelelli, estaba llamativamente dispuesto sobre la tierra. Ambos religiosos regresaban de Chamical, donde unos quince días antes habían sido secuestrados, torturados y brutalmente asesinados los jóvenes sacerdotes Gabriel Longueville y Carlos de Dios Murias. El obispo había oficiado la misa del entierro el 22 de julio y en la camioneta llevaba una valija con documentos recogidos para esclarecer estos crímenes.

A los 26 años, Angelelli fue ordenado sacerdote y once años más tarde, obispo. En 1968, le fue asignada la diócesis de La Rioja. Allí, desarrolló con notorio entusiasmo su apuesta por los votos sociales del Concilio Vaticano II, evento del cual había formado parte y que declaraba la renovación de la Iglesia católica. Con su estilo llano y de estrecha relación con el empobrecido poblador de aquella provincia, estimuló y apoyó la creación de cooperativas de trabajo, la organización de las empleadas domésticas, de los trabajadores mineros, de telares, panaderos, fábricas de ladrillos y agrícolas. Sus misas dominicales llegaron a ser transmitidas por radio hacia todos los rincones de la provincia.

“El cura Pelado”, tuvo una enorme comprensión por los más humildes y por los tiempos que le tocaba vivir. Desde la experiencia de su tierra y de su pueblo, constantemente se esforzó por romper las estructuras de injusticia para que la tierra, el trabajo, el pan y el agua fueran para todos. Por esto caminó toda la provincia y lo hizo para charlar con el pueblo, meterse en sus casas y conocer su realidad, no con fines de adoración de imágenes. Así fue como logró identificarse con La Rioja, sus problemas, conocer su cultura y tradición, su religión, su religiosidad popular, sus inquietudes y necesidades.

“Estamos viviendo una hora histórica donde los cambios son profundos en la mentalidad de los hombres y en la estructuración de la sociedad humana. Existen sistemas que causan muchos sufrimientos, injusticias y luchas fratricidas. Muchos hombres sufren y se aumenta la distancia que separa el progreso de unos pocos y el estancamiento y aún el retroceso, de muchos. La situación presente tiene que afrontarse valerosamente, combatirse y vencerse las injusticias que trae consigo”, decía en sus homilías.

Pero en una Argentina en la que se agudizaban los conflictos sociales, pronto encontró la enemistad del clero integralista y conservador del país, de los dirigentes de las Fuerzas Armadas y de los sectores poderosos de La Rioja.

Su trabajo con la Cooperativa Codetral, fue uno de los más ideológicos. Buscaba la expropiación por ley de las tierras donde estaba erigida la finca La Aminga, que no tenía herederos ni dueños, para que el pueblo la trabajara. Es por esto, que apoyó a Carlos Menem como candidato a gobernador, ya que el ex mandatario se puso al hombro la causa.

Para ese momento, ya tenía en contra a los grupos conservadores y familias de doble apellidos agrupados bajo el nombre: “cruzadas de la fe”, que se habían ofendido con el obispo porque había abierto la Iglesia al pueblo, tocando sus privilegios. Éstos opositores catalogaban la misión pastoral de Angelelli como “ideológica” y decían que “el comunismo” quería “ganarles la religión”. Para hacerles la contra pusieron a su servicio al diario El Sol, quien contrató a un periodista especialmente para sacar todos los días una columna en contra del obispo. El medio decía cosas como que Codetral estaba en manos de marxistas y del obispo rojo.

Menem como gobernador, no sólo les falló, sino que montó un operativo para sacar a pedradas a Angelleli de Anillaco, para después retirar su apoyo a la cooperativa so pretexto de «agitación social”.

Apenas producido el golpe del 24 de marzo de 1976, sus emisiones radiales fueron prohibidas. En varias oportunidades, sus misas debieron ser canceladas por la prepotencia de los grupos de poder local.

Al día siguiente de su muerte, el diario El Sol de La Rioja, tituló: “Murió Angelelli en un accidente”. Esta misma opinión fue la que mantuvieron por años la Dictadura y el Episcopado argentino. Pero su acompañante, Arturo Pinto, aseguró ante el Tribunal que abrió la causa en 1983 para investigar la muerte del obispo, que un Peugeot 404 maniobró bruscamente delante de ellos, provocando el vuelco de la camioneta en la que viajaban. Lo último que dijo recordar fue el ruido de una explosión. El 19 de junio de 1986, el juez Aldo Morales estableció que se trató de “un homicidio fríamente premeditado”. Las “leyes de la impunidad” en los 90 provocaron la caída de la causa. Pero la anulación de aquellas leyes, en 2005, permitió su reapertura. En 2010, Pinto y varios actores más se constituyeron en nuevos querellantes y solicitaron la imputación de catorce militares y policías, encabezados por el ex dictador Jorge Rafael Videla, el entonces comandante del III Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, y el interventor de La Rioja, coronel Osvaldo Héctor Pérez Battaglia. El 4 julio de 2014, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de La Rioja consideró delitos de lesa humanidad el homicidio del obispo y el intento de asesinato del ex sacerdote Arturo Pinto y condenó por ellos a los represores Luciano Benjamín Menéndez y Luis Fernando Estrella a prisión perpetua y cárcel común.

El abril de este año, Angelelli fue beatificado. La beatificación de él y sus compañeros se une a la del obispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, también por razones martiriales. Con ambas el papa Francisco reconoce a católicos que, durante los años de las dictaduras militares en América Latina, se comprometieron en favor de los más pobres y perseguidos.

“No vengo a ser servido sino a servir. Servir a todos, sin distinción alguna, clases sociales, modos de pensar o de creer; como Jesús, quiero ser servidor de nuestros hermanos los pobres”, fueron las palabras que pronunció el día de su asunción como Obispo diocesano en La Rioja”, señaló la legisladora durante su alocución en el recinto.