El Derecho a la identidad, como todos los derechos debe ser garantizado por el Estado

Durante la vigésima tercera sesión de la Cámara de Diputados, la diputada #AdrianaDíaz, realizó un homenaje por el Día Nacional del Derecho a la Identidad. «Trabajamos por nuestros niños y por los niños de futuras generaciones, para preservar su identidad, sus raíces y su historia, pilares fundamentales de Toda identidad”, señaló la legisladora en el recinto.

En la exposición y teniendo en cuenta que la ley que fija este día propone reflexionar sobre la historia. Díaz realizó un resumen que argumenta la necesidad de conmemorar al 22 de octubre como un día histórico.

“Para poder comprender cómo se logró que hoy la identidad sea un derecho, vamos a hacer un pequeño relato del camino que las Abuelas fueron recorriendo. Cuando ellas dieron sus primeros pasos, no tenían idea de que estaban construyendo un derecho. Simplemente salieron desesperadas a buscar a sus hijos, primero, y luego, también, a sus nietos. A medida que fueron avanzando en su búsqueda, aparecieron problemas que trataban de solucionar” ,contó.

Cada solución, a su vez, traía nuevos interrogantes o cuestiones a resolver. Y así, sin proponérselo, fueron desarrollando las herramientas que hoy están disponibles para la garantía del derecho a la identidad en todo el mundo.

En este camino que vienen desarrollando hace más de 42 años, las Abuelas nunca bajaron los brazos; ante todas las adversidades siguieron poniendo su amor y creatividad en tratar de encontrar las soluciones, y hay que destacar que esa lucha fue siempre dentro de la ley y nunca se dejaron seducir por la impunidad. El no olvido, la intención de construir con la memoria de sus hijos, de sus nietos o de la sociedad en su conjunto, está totalmente arraigado a un concepto de justicia.

Ante cada adversidad jamás hicieron ningún acto que estuviera fuera de la ley. Cuando las leyes vigentes las perjudicaron, en vez de buscar estrategias para saltar por encima de ellas, lucharon para modificarlas. Su labor a lo largo de todos estos años es un ejemplo de construcción ciudadana y por eso creemos valioso transmitirla.

Los inicios

El primer paso importante de las Abuelas fue sumar sus fuerzas para convertir su búsqueda individual en una búsqueda colectiva. Hacia fines de 1977, se juntaron, se organizaron y empezaron lentamente a tratar de resolver su primer problema: ¿Cómo podemos hacer para saber dónde están nuestros nietos?

Durante la época de la dictadura, inventaron distintas estrategias de tipo detectivesco. Para trabajar entre ellas, se reunían en confiterías simulando algún cumpleaños, se vestían de fiesta, llevaban regalos y bombones. Inventaban códigos para hablar en secreto. Recibían datos de personas solidarias que conocían niños que habían arribado a una familia en condiciones sospechosas y ellas se hacían pasar por empleadas, enfermeras, vendedoras ambulantes, para poder ver al niño y poder reconocerlo.

A medida que pasaba el tiempo y los nietos crecían, las Abuelas se empezaron a preguntar: ¿Cómo podremos reconocer al nieto o nieta que nunca hemos visto?, ¿cómo demostrar que ese niño es de nuestra familia?

Hasta que un día una abuela, leyendo un diario, encuentra la noticia de que en EEUU se había dado el primer caso de un padre que era obligado a aceptar la paternidad de su propio niño a través de una prueba sanguínea.

Pero los padres de los niños que buscaban no estaban. Había que buscar la manera de usar la sangre de los abuelos y la familia y reconstruir el mapa genético de los hijos desaparecidos.

Después de recorrer 14 países, un grupo de científicos radicados en Estados Unidos logró desarrollar en 1983 un método que permite llegar a un 99,9 % de probabilidad mediante análisis específicos de sangre.

Si bien encontraron la respuesta a la pregunta sobre la identificación, automáticamente apareció un nuevo problema: ¿Cómo hacer para que la Justicia aceptara ese índice científico como prueba? Había que convencer a los jueces. Después de mucho andar por los tribunales en 1984, la Justicia restituye a la primera nieta aceptando como prueba el índice de abuelidad.

Con los primeros encuentros, los jueces no sabían si hacían bien en restituir a los niños a sus verdaderas familias. Los medios difundían la idea de que con la restitución se creaba un “segundo trauma” para el niño. Los jueces temían cometer un error. Las Abuelas incorporaron la ayuda de equipos de psicólogos que empezaron a estudiar el tema. Hoy la conclusión es contundente: el trauma original, que se produjo por la separación violenta de la madre y la familia, sólo se sana con la verdad y volviendo al seno de la familia biológica.

Los jueces, lentamente, comenzaron a aceptar las evidencias que los niños demostraban cuando se los veía crecer sanos y felices junto a su verdadera familia.

A partir de las primeras pruebas hemáticas se empezó a tener éxito en la restitución. Esas primeras pruebas se hacían en un laboratorio en los Estados Unidos. Esto era costoso y alargaba mucho los tiempos, por lo que las Abuelas tuvieron que empezar a trabajar para que el Estado se hiciera cargo del almacenamiento de las muestras de las familias. Finalmente, en 1987, el Estado aportó los recursos para la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos, cuyo objetivo es garantizar a los niños secuestrados por la dictadura la posibilidad de recuperar su identidad aunque sus abuelas ya no estén.

Este Banco tiene como función el almacenamiento y la conservación de las muestras de sangre de cada uno de los miembros de los grupos familiares que buscan a un niño desaparecido. Cada vez que un joven se presenta con dudas, o la Justicia indica un examen de ADN a un presunto hijo de desaparecidos, se entrecruzan los datos genéticos del joven con todos los perfiles genéticos almacenados.

Derecho a la Identidad – Convención Internacional por los Derechos del niño

Ya era evidente para las Abuelas que, durante la última dictadura cívico-militar, el Estado había perpetrado un Plan sistemático de apropiación de bebés. La Identidad, por lo tanto, debía ser considerada un derecho humano fundamental y los Estados debían asumir la responsabilidad de garantizarla.

La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, aprobada en 1989 por las Naciones Unidas, incluyó los artículos 7,8 y 11 que fueron promovidos por las Abuelas con el fin de incorporar la identidad como derecho para todos los niños y niñas del mundo.

Estos tres artículos son conocidos como los “artículos argentinos”, porque justamente se incorporaron a instancias de Abuelas.

Creación de la CoNaDI

En septiembre de 1990, se incorporó la Convención sobre los Derechos del Niño a la normativa argentina. Desde entonces, las Abuelas pidieron la conformación de una comisión técnica especializada que tuviera como objetivos velar por el cumplimiento de los artículos 7, 8 y 11 de la Convención y, simultáneamente, la búsqueda y localización de los niños desaparecidos durante la última dictadura. A tal fin, en 1992 se creó la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CoNaDI)

La CoNaDI se encarga de solicitar documentación a las instancias que intervinieron en la inscripción de los bebés nacidos entre 1975 y 1981 –hoy jóvenes que dudan sobre su identidad– y, si es necesario, ordena los análisis de sangre en el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG).

Con el tiempo y ante denuncias de tráfico de menores y despojo a madres en situaciones límite, y por ser el único ámbito del Estado dedicado a garantizar el Derecho a la Identidad, su labor pondría en evidencia que los hijos de desaparecidos y los hijos de mamás en estado de indefensión social comparten similares mecanismos de despojo: a unos y a otros se les arrebata la identidad y se los trata como objetos.

El niño como sujeto de derecho

Más adelante, gracias a la lucha de las Abuelas junto a otros organismos de Derechos Humanos, en el año 2005 se logra la sanción de la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, que introduce un cambio sustancial en la mirada que el Estado tiene de la niñez: el niño deja de ser concebido como objeto de derecho para pasar a ser sujeto.

Las Abuelas fueron desarrollando diversas estrategias para encontrar a sus nietos. Estas estrategias también se transformaron en herramientas públicas a disposición de la sociedad, de modo de poder garantizar la identidad de todas las personas del mundo.

El 22 de octubre es el Día Nacional del Derecho a la identidad, en homenaje a la fecha de fundación de Abuelas de Plaza de Mayo.

El Derecho a la identidad es un derecho en construcción y como todos los derechos debe ser garantizado por el Estado y defendido por todos sus ciudadanos.

Por eso resulta importante que toda la sociedad se comprometa en esta tarea, no solo por solidaridad sino porque es un problema de todos: mientras haya un solo chico con su identidad cambiada, está en duda la identidad de todos.

Es importante destacar que en el registro de nietos buscados por abuelas, está el hijo que debió nacer entre diciembre de 1976 y enero de 1977, de nuestra coterránea Teresita Lizárraga, quien fue secuestrada-desaparecida cuando estaba embarazada en mayo de 1976 en la Ciudad de Córdoba.